Sara's profileNecesito de ti de vez en...PhotosBlogListsMore Tools Help

Blog


    2/16/2008

    ¿Se hace o se nace?

     

    Hay gente que es más mala que un dolor, eso lo sabemos todos. Tienen un no-se-qué-que-qué-se-yo que les hace no sentirse demasiado mal cuando no hacen las cosas bien. Llevo casi un mes dándole vueltas al porqué la gente miente como bellacos, sin ningún ánimo más que mentir. Y no hablo de las mentiras que todos alguna vez hemos dicho por salvarnos el culo o por no hacer daño a una tercera persona. Hablo de las mentiras gordas. De las que hacen mucho daño. Incluso de las que por momentos te cambian la vida. Y el motivo de mis vueltas es el siguiente:

     

    Antes de navidades, me enteré que una vecina y amiga a la vez estaba ingresada en el hospital porque estaban analizando unos síntomas que parecían ser cáncer pero que no sabían de dónde provenía.

    Yo estaba en Madrid y no podía ir a verla pero por medio de su hija y de su sobrina que es una de mis mejores amigas, iba sabiendo de ella, de su estado, si empeoraba o se ponía mejor. Llegaron las navidades y cuando llegué a casa, como tenía muchísimo tiempo libre me acerqué a verla al hospital. Estaba cambiada, más delgada, pero muy guapa. Se alegró mucho de verme porque además llevaba sin verla lo menos 7 meses y no se lo esperaba. Me dijo que había engordado unos kilitos, que tenía bastante apetito y que estaba deseando irse a casa. La vi muy contenta, estaba maquillada, se había puesto unas mechas rosas y yo me alegré mucho de verla.

    Y aunque sentía la obligación de visitarla, nadie me obligaba. Me lo impuse yo; era una obligación que me apetecía.

    Días más tarde volví a Madrid. Volví a clase y en uno de estos, me llamó mi madre para decirme que esta señora se había muerto, que se lo había dicho una amiga de mi madre que venía de ver el funeral en la iglesia mayor de la ciudad y que a la vez, su hijo era colega del médico que la estaba tratando. No me lo podía creer. Se me cayó el mundo encima.

    Sólo pensaba en su hija y en que mi visita había sido una despedida y que parecía que presentía lo que iba a pasar. Mi madre me consoló todo lo que pudo y más y cuando me recuperé un poco, intenté dar el pésame a su hija. La llamé por teléfono pero no me lo cogía. ¡Cómo iba a querer hablar con nadie! Después de unos intentos, le mandé un mensaje diciéndole cuánto lo sentía y todas esas cosas que se dicen en momentos así.

    Pasados unos minutos recibo un mensaje de su hija diciéndome que de qué coño hablaba, que a quién le daba el pésame y que contestara rápido.

    Me quedé bloqueada; no sabía qué hacer. Lo primero que se me ocurrió fue contestarla  que me había equivocado, que ese mensaje iba para otra persona que daba la casualidad que se llamaba como ella. Se lo creyó. Intenté hablar con su sobrina, amiga mía, pero no me lo cogía. Llamé a mi madre para decirle que algo no cuadraba; que o bien no se había muerto o su hija no lo sabía y aunque la segunda opción me resultaba rarísima, todos los datos que mi madre me decía sobre la difunta que se los había dicho esta amiga, eran ciertos porque yo la conocía. No sabía qué creer. Después de un buen rato de nervios, hablé con mi amiga e inventándome un rollo del cole al que fuimos juntas, pregunté por ella y me dijo que estaba bien, que al día siguiente empezaba la quimioterapia y que tenía muchas ganas de salir ya del hospital.

     

    Después de saber que no había muerto y que de hecho estaba bastante mejor, llamé a mi madre porque ella también estaba preocupada para decirle que le dijera a su amiga que por favor no dijera cosas que pueden hacer tanto daño y que no son más que mentiras.

    Ésta alegó que ya no era ella la que había visto el funeral sino una hermana suya que bla-bla-bla-bla-bla-bla y que por favor me perdonara por el daño que me había hecho.

     

    Lo único bueno que saco de todo esto es que como dice mi madre “la han alargado la vida” pero a día de hoy sigo sin entender cómo una persona se puede inventar algo así.